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Cuando el PSOE se mira al espejo siente que la imagen que ha contemplado durante los últimos cuarenta años, una exquisitez sazonada en una gran mierda de elefante (blanco), no es la que este le devuelve. Ello le genera unas terribles contradicciones, casi contracciones, y hasta estreñimiento, algo así como un batalla de retortijones en un retrete del que parece que ya no va a ser capaz de salir (no sé el motivo por el cual cuando pienso en el PSOE termino irremediablemente en lo escatológico).

Pasa que el mundo se resquebraja, al menos eso parece, y la imagen que hasta hace poco nos proyectaban, tanto El País como el Grupo Prisa, de los socialistas era la de algo selecto extraído de una gigantesca mierda de elefante (blanco), como fue la dictadura. Para quien no lo sepa, no es en absoluto un insulto, aunque bien podría serlo. El café de la mierda de elefante es el ‘oro negro’ de Tailandia, para ser exactos los granos de café que se extraen manualmente de los excrementos de elefante. Una taza de Black Ivory Coffe cuesta setenta dólares, lo que no es de extrañar pues Blake Dinkin, su inventor, necesitó nueve años de duras investigaciones hasta conseguir un café de sabor, no cabe duda, inigualable. Por cada kilo de este selecto café se necesita que cada elefante ingiera treinta y tres kilos de café y, claro está, una persona que esté pendiente de la defecación para recoger los granos del mismo. Total, una excentricidad, una gilipollez del tamaño de los paquidermos a los que se obliga a semejante dieta.

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Ese fue el PSOE durante mucho tiempo: los granos de café de un enorme excremento que era presentado como un producto único en el mundo. Y lo era. Y lo es. Y El País y el Grupo Prisa fueron y son la ‘recolectora’ que esperaba durante horas la llegada del valioso excremento para extraer el café, empaquetarlo y presentarlo en una forma exclusiva.

Pero ¿qué se necesita para que un fulano, una mengana o ambos paguen 70 dólares para degustar una taza de café que ha sido recogida manualmente en una inmensa boñiga de elefante? Es decir, ¿qué se necesita para que una persona sea capaz de votar al PSOE surgido del Régimen? La respuesta es sencilla: un potente grupo mediático cuyo objetivo sea conseguir que el Blake Ivory Coffe sea el más deseado de todos los cafés, se convierta en tendencia o, incluso, simbolice en sí mismo una seña de identidad. Como cuando la gente caminaba por las calles con El País en las manos pensando que ello le identificaba como una persona progresista, aunque la realidad fuera que El País lo fundó Manuel Fraga (es decir, procede de la mierda de la dictadura igual que el ‘oro negro’ procede de kilos y kilos de heces de elefante), y sucede que los granos de café son granos de café, ya se los coma y los defeque un elefante, una tortuga o un rinoceronte.

El problema llegó con la generalización de internet y las redes sociales y aquello de la mierda del café o el café de mierda empezó a sabernos y olernos mal a muchos, igual que aquello del PSOE de la cal o la cal de PSOE escamó a más de uno. Empezamos a entrar en detalles, aunque el asunto fuera y sea escatológico a más no poder, y muchos empezaron a pensar que pagar 70 dólares por una taza de café evacuado por un elefante era una supina estupidez, aunque El País lo presentara como el acto más progresista que existía. Por suerte, ahora la gente piensa en el PSOE con desencanto, indiferencia o asco (aunque algunos lo sigan consumiendo), porque se dan cuenta que solo es café expelido por el ano de un elefante…

Es decir, observan al PSOE otorgando el gobierno al PP y repartiendo las comisiones con los populares como en la dictadura los vencedores se repartían el botín de guerra; después comprueban que protegen a Jorge Fernández Díaz, un infame exministro e hijo de un conocidísimo alto mando militar de la represión franquista en Barcelona; más tarde recuerdan las toneladas de mierda vertida durante los últimos cuarenta años y terminan por percatarse de la cruda realidad: el PSOE solo es un producto defecado por el Régimen, recogido por Cebrián y vendido en los mejores establecimientos de El País y el Grupo Prisa. Solo es un Blake Ivory Coffe, solo es una enorme defecación de elefante, y su última mierda convertida en café se llama Jorge Fernández Díaz… Por cierto, a setenta dólares la taza.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

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