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En las últimas semanas, miembros de la Legión han arremetido con dureza contra Manuela Carmena por querer eliminar la calle de Millán Astray, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que nuestro país, a diferencia de Alemania, por ejemplo, no ha determinado como delito conductas que deberían serlo. Si así fuera, la calle Millán Astray no debería existir, pero tampoco la propia Legión ni la cabra ni todo lo demás. Por tanto, en cuanto a la propuesta de la alcaldesa, aun a riesgo de recibir más insultos de los acostumbrados, que no son pocos, yo llegaría mucho más allá: ni calle ni Legión ni cabra ni nada de nada.

Aunque muchos no lo crean, no pasaría nada. Existen muchas unidades de élite, no solo en nuestro país, que no se denominan como la Legión ni llevan su uniforme ni desfilan con una cabra y, sin embargo, son enormemente consideradas y profesionales en sus cometidos. Sobra nombrarlas, por obvio.

Así pues, que la Legión desaparezca como tal para convertirse en otra unidad o que se eliminen de las calles nombres tan infames como Millán Astray no harán peor este país, más bien todo lo contrario. En Alemania, Francia e Italia hace décadas que no existiría ni la Legión ni las calles franquistas ni recuerdo alguno de Millán Astray, salvo como sanguinario agitador. Muchos argumentan que la eliminación de la nomenclatura y la simbología fascista se debe al rencor o al odio, pero nada tiene que ver con ello. Es más una cuestión de sentido común y de legalidad. Los países nombrados (Francia, Italia y Alemania) han sido conocedores, como España, de lo terrorífico que el fascismo guarda en sus entrañas y por ello han desarrollado leyes que prohiben su apología.

Por desgracia, en nuestro país tanto el PP como el PSOE se las han apañado para tolerar durante más de cuarenta años lo que en Europa es un delito. A poco que se analice la cuestión, se podrá convenir que no es por rencor ni por odio ni por nada parecido, sino que se trata de una cuestión de dignidad que España apruebe una contundente ley que prohiba toda apología o enaltecimiento del fascismo y, por supuesto, lo condene y resarza a las víctimas. Hasta que España no acometa tan necesaria reforma no podrá considerarse un país moderno, sino el chiste de Europa. Algo que parece agradar a millones de personas…

Pd.: Y, por favor, que le cambien el nombre a la Brigada “Rey Alfonso XIII” de la Legión, porque denominar a una unidad militar con el nombre de un monarca inepto e irresponsable cuyos delirios terminaron con la vida de entre 10.000 y 15.000 personas en el Desastre de Annual (ahí está la historia), no es apología del fascismo, pero sí es un ejemplo de muy mal gusto.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

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