La obstinada exactitud de las elecciones catalanas con el referéndum del 1-O

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Consumadas las elecciones catalanas de este 21-D, la primera y, sin duda, la más importante conclusión de lo acontecido en los comicios, es la milimétrica exactitud entre el número de votos que han conseguido las formaciones independentistas y el resultado del referéndum del 1-O: 2.063.361 votantes a favor de la separación de España en estas elecciones por 2.044.038 papeletas independentistas en el referéndum.

Una luminiscente y tozuda precisión emanada de un bloque monolítico contra el que se han estampado, a gran velocidad y con enorme temeridad, todas las carencias democráticas y las más trapaceras maniobras del Estado español. Un impacto que ha provocado que el lugar del siniestro se encuentre hoy salpicado con los restos de la credibilidad de los medios de comunicación, las ‘injerencias rusas’, la independencia judicial, el prestigio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la autoridad de la Casa Real, la imagen internacional, el Partido Popular y los pedazos de un país que difícilmente podrá ser reconstruido.

 Luis Gonzalo Segura
Resulta inconcebible que todos los males se achacasen y se achaquen a una suerte de robots rusos que controlan y dirigen nuestra opinión. Existen delirios oníricos con argumentos más sólidos.Luis Gonzalo Segura

Para empezar, este resultado pone en evidencia todas aquellas informaciones que denunciaban injerencias, desinformación o ‘fake news’ y que fueron esgrimidas una y otra vez por el Régimen (Casa Real-PP-PSOE-C’s) y sus acólitos (los medios de comunicación que les sirven fielmente). A la vista está, pues, que muchos periodistas e intelectuales no pasan hoy por ser mucho más que iluminados, predicadores o vendedores de crecepelo. No hay más, por mucha desazón que nos ocasione. De lo contrario resulta inconcebible que todos los males se achacasen y se achaquen a una suerte de robots rusos que controlan y dirigen nuestra opinión. Sinceramente, existen delirios oníricos con argumentos más sólidos.

El escrutinio tampoco deja en mejor lugar todas aquellas denuncias de ‘pucherazo’ o irregularidades durante el referéndum, pues de existir fueron, a tenor de los resultados, absolutamente insignificantes. A estas alturas ya todos sabemos lo que hay sin necesidad de tanta parafernalia, pues los datos son tan exasperantemente idénticos que no dejan margen a la tergiversación ni a ninguna de las maquiavélicas maniobras a las que nos tiene acostumbrado el ‘Establishment’. Ni siquiera puede asomar la ‘Verdad’ y su batallón de intelectuales que marchan tras ella, emulando a la Santa Inquisición, al tiempo que intimidan y torturan cualquier opinión discordante al grito de herejía (posverdad).

Solo existe una solución al mal que nos desangra y empequeñece: democracia y regeneración.Luis Gonzalo Segura

Por otro lado, el recuento electoral supone el colapso absoluto de la campaña, casi bélica, que pretendía ‘devolver a la legalidad’ a la ciudadanía catalana. Esta vez ni el constante bombardeo mediático pudo derrumbar la realidad. Y el parte de daños que arroja la maciza derrota, porque la desconexión de dos millones de ciudadanos no puede considerarse de otra manera, es ilegible este día después, aunque Inés Arrimadas no pudiera contener su alegría ‘patriótica’. Una candidata que queda absolutamente retratada en el júbilo de una ‘victoria’ que, a poco que se sepa contar, ni siquiera pasa por pírrica, sino que se trata de un nuevo descalabro. Por mucho que la recolocación de fuerzas la haya favorecido circunstancialmente. Tanto patriotismo, tanta bandera y en cuanto se obtiene un rédito personal la sangría de la patria queda en el olvido. Por eso estaba ella ahí, exhibiendo un regocijo que demuestra que esto, al final, va sobre todo de intereses particulares, porque el ‘malvadísimo independentismo’ aumentó el número de papeletas. Ya son 20.000 más que el 1-O. Dos millones de catalanes parapetados en el ‘No a España’.

Fracasada la ofensiva, como era de prever, derrotados los Tercios otra vez, como suele ser habitual en los últimos trescientos años, queda por ver cómo afrontará España este nuevo desastre. Una vez más, solo existe una solución al mal que nos desangra y empequeñece: democracia y regeneración. Pero los españoles se reconfortan de la destrucción, propia y ajena, así que apuesten por la negación, la involución y el porrazo. Ojalá me equivoque.

Luis Gonzalo Segura

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