La suprema verdad del Ministerio de Defensa de España y la denostada posverdad de los apócrifos

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La ministra de Defensa tiene la insólita capacidad de erizarnos la piel a muchos ciudadanos, cuando no de sacarnos de nuestras casillas e, incluso, de llevarnos al paroxismo. Si se piensa con calma, realmente es un personaje absolutamente estremecedor, y si no lo creen, o piensan que exagero, basta hacer un breve repaso a su currículum.

Cospedal se sentó en un juzgado, con un prodigioso aplomo, y declaró con gran cinismo que sí, que despidió a Bárcenas, uno de los mayores corruptos que ha correteado por las tierras ya exánimes de este azotado y saqueado país, pero que lo hizo “en diferido”. Aquello, que habría sido la tumba de cualquier político europeo, solo consiguió reforzarla… ¡Esto es España!

En fin, tras un devastador ascenso por la dirección del Partido Popular, al que ha convertido en el primer partido político imputado por corrupción y ha dejado su sede embargada, y un no menos desastroso periplo por la más meridional de las Castillas, llegó al ministerio de Defensa. Inconcebible en cualquier democracia avanzada, exasperantemente habitual en los dominios de ‘M. Rajoy’. Y desde entonces, finales de 2016, el absurdo no parece querer dejar de torturarnos.

Un nuevo ciclo armamentístico en un país en el que muchas familias no llegan a fin de mes, la desigualdad se sitúa a la cabeza de Europa y el ministerio de Defensa se encuentra en quiebra técnica es un absoluto despropósito.

Un día, hace no mucho, asiste a una ceremonia organizada por La Razón, uno de los diarios más desprestigiados que se pueda leer, que ya es decir hablando de España, y afirma que quiere emprender una batalla contra la desinformación y las ‘fake news’. De ello, como de costumbre, acusa a los rusos, pero no, no van a por los rusos, van a por nosotros, a por los ciudadanos, a por las redes sociales, a por los que escriben en Twitter y Facebook. A por los que se desconectaron de Matrix. Quieren cerrarnos el pico.

Y uno, yo al menos, palidece al pensar en la áspera soga de la censura, en los tuiteros y titiriteros condenados, en el látigo lacerando sin piedad a cualquiera que traspasa la línea que separa la verdad de eso que la oficialidad llama ‘posverdad’. Porque la ‘posverdad’, amigos, es una fantasía –según ellos– en la que nos hemos encerrado voluntariamente los millones de personas que ya no creemos en lo que relata El País, El Mundo, Antena 3, Telecinco, TVE y, en fin, todos esos medios de comunicación que la Universidad de Oxford cataloga como los menos creíbles de Europa. Porque la verdad, todo hay que decirlo, es que los catalanes mataron a Cristo, según nos desvelaba Juancho Armas Marcelo en El Mundo; todo lo demás, desde pensar que ‘M. Rajoy’ es Mariano Rajoy a las salvajes presiones para salvar a la Infanta Cristina de la prisión son ‘posverdad’. Fantasía, vamos.

Así, inmersos en la soporífera majadería, llegamos a primeros de diciembre de 2017, cuando Cospedal, la infatigable luchadora contra la desinformación, anuncia con la complicidad –al callar, silenciar y no debatir– de los portadores de la verdad, esos que según ellos se ven acorralados por la ‘posverdad’ y las ‘fake news’, que va a implementar un nuevo ciclo armamentístico para nuestras Fuerzas Armadas. Es entonces cuando siento que esta mujer es realmente capaz de traer la ruina más absoluta a este país, sobre todo porque nadie hace nada, nadie dice nada. Pareciera que todo es una broma, una broma pesada de dos cómicos rusos o de algún espía llamado ‘Cipollino’. Pero no, no lo es.

María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa de España, en un avión militar A400M. / Marcelo del Pozo / Reuters

Un nuevo ciclo armamentístico, obviamente, en un país en el que muchas familias no llegan a fin de mes, la desigualdad se sitúa a la cabeza de Europa y el ministerio de Defensa se encuentra en quiebra técnica es un absoluto despropósito. Un disparate que puede costarle muy caro a nuestros hijos y que puede poner en peligro a las futuras generaciones, un mayúsculo error del que tendrían que haber sido extensamente informados los ciudadanos. Un dislate, en definitiva, mucho más importante que el [no] consumo de sushi de pollo que explicaba con gran minuciosidad Mamen Mendizábal en ‘Más Vale Tarde’ hace no tanto (21 de noviembre de 2017).

Y para que los lectores no piensen que lo escrito hasta ahora solo es un desahogo, una saludable terapia, que también, intentaré puntualizar en la noticia de referencia la diferencia entre la suprema verdad, de Cospedal, y la denostada posverdad, de los apócrifos. Ahí va:

Derecho a la seguridad y defensa

  • Suprema verdad: Se aumentan las inversiones en Defensa para garantizar “el derecho fundamental de todos los españoles, que es el derecho a la Defensa, sentirnos seguros y protegidos”.
  • Posverdad: Si se refiere a una agresión externa habría que precisar que los 41.000 soldadosde nuestras Fuerzas Armadas son por completo insuficientes para defendernos de la misma (la cual, es altamente improbable que se produzca, conviene aclararlo). Igualmente, si se refiere a atentados terroristas no creo que nadie en su sano juicio, ni siquiera Cospedal, sostenga que los carros de combate, blindados, aviones o cualquier otro programa armamentístico puede tener utilidad para evitar un atentado en suelo europeo. Por el contrario, que nuestras armas, de España y Occidente, hayan aparecido en la mayoría de los conflictos de las últimas décadas no cabe duda que es responsable directo de habernos situado en la diana de los terroristas.

Un país subordinado a EE.UU.

  • Suprema verdad: “No podemos ser meros compradores de servicios”.
  • Posverdad: No solo somos meros compradores de servicios, sino que además somos un país subordinado a los designios de los EE.UU (carecemos de relevancia geopolítica en el mundo). La mayor parte del armamento lo compramos a grandes empresas que, en muchos casos, se encuentran en el extranjero.

30.000 millones de deuda

  • Suprema verdad: De “cada euro que se invierte en Defensa retornan 2,5 euros… en beneficio de los ciudadanos”.
  • Posverdad: El ministerio de Defensa se encuentra en bancarrota con una deuda de, al menos, 30.000 millones de euros. Si esos 2,5 euros de retorno son un beneficio para los ciudadanos, que no lo son, ¿por qué debemos 30.000 millones?

Armamento defectuoso

  • Suprema verdad: La seguridad y la defensa son “absolutamente fundamentales” y necesarias para los derechos y libertades. “El compromiso de este Gobierno es el de proteger a todos los españoles de forma eficaz, de forma segura y con todos los recursos que exigen las nuevas amenazas”, ha precisado Cospedal.
  • Posverdad: Voy a intentar explicarlo sin ser excesivamente duro. Si tenemos una ingente cantidad de armamento defectuoso (por ejemplo, un submarino que no flota ni se propulsa, S-80; y un avión con enormes carencias de los que se han devuelto la mitad de las unidades, A400M) o pudriéndose almacenados (más de cien carros de combate, Leopard; cazas de combate, Eurofighter; y helicópteros, NH-90) no creo que nuestros derechos y libertades dependan del mencionado material militar. De ser así, me temo que nos espera una era de oscuridad y tinieblas (y ciertamente será así, pero más bien por los que nos gobiernan).

Ahora, que cada cual juzgue por sí mismo.

Luis Gonzalo Segura

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