El mezquino patriotismo del PPSOE y de la Familia Real: abandonar discapacitados y vender armas

Se iza la bandera y suenan los acordes del himno nacional. Las calles están a reventar, el gentío se agolpa, unos chocan con otros porque todos quieren estar en primera fila y contemplar el espectáculo con el que van a cumplir con la cartilla de españolidad. La mayoría suspiran por un golpe de fortuna que les acerque a alguna gran personalidad: el rey golpista, la reina retrógrada, el rey preparado, la reina republicana, las infantas explotadas laboralmente a su corta edad, el presidente de frases incoherentes, algún ministro o ministra de formas (y fondo) franquistas, algún golpista del PSOE… Cualquiera vale, cualquier ‘selfie’ puede convertirse en un sueño cumplido, en un momento único que contar a los amigos o que disfrutar en familia después de agitar la rojigualda hasta casi la extenuación.

el mezquino patriotismo del PP

Minutos más tarde toca el vermú, la cerveza o la copa de vino, charlar admirado por el impresionante espectáculo al que han asistido. La solemnidad del acto, la sincronía de los militares desfilando, las acrobacias aéreas, los vehículos militares. Es un día para el orgullo de todos los españoles de bien, la satisfacción de la clase alta de nuestro país y el adoctrinamiento de los internados en el psiquiátrico llamado España que prefieren que les cuenten la historia a conocerla por ellos mismos. También es el día de los medios de comunicación menos creíbles de Europa, de ‘El País’ y su trabajo ‘a lo Tejero’, de ‘El Mundo’, de ‘Antena 3’, de todos. Es día de presumir de nuestra monarquía, de nuestra Transición, de nuestra España, de nuestra gloriosa nación. Es día de escribir patochadas como la de Víctor Lapuente (Felipe VI: Larga vida a la monarquía) comparando sin rubor y con desprecio de la historia, la geografía, la geopolítica y el sentido común a España con Reino Unido, las monarquías nórdicas y, con dos cojones, con Canadá y Australia. El mancebismo periodístico da para mucho patriotismo, el patriotismo da para mucha España y España da para muchos desfiles, banderas, vermús y periodismo de encargo.

Ese acerbo patriótico se desploma como un decorado de cartón al que le falla un tornillo, o varios, cuando un discapacitado, como es el caso de Andrés Merino, exmilitar, se pone en huelga de hambre frente al ministerio de Defensa. Y lo hace envuelto en la rojigualda. Andrés es discapacitado a pesar de sus más de diez años de servicio en la Brigada Paracaidista y la Legión, y también es desahuciado y por culpa de la monarquía, el PPSOE y la cúpula militar casi es un vagabundo. Lleva años esperando la pensión que la justicia le ha concedido en sentencia firme y meses suplicando por el cumplimiento de la misma. Los generales, a pesar de lo dictado por tribunales ordinarios, se mofan de él según pasan uno tras otro al ministerio de Defensa, y los que no se mofan le dedican palabras que ellos mismos saben que son como el submarino que no flota, el avión que no vuela o el carro de combate al que no podemos pagar el combustible. Una auténtica tomadura de pelo. Ni uno de ellos puede compararse a Iván Ramos, tropa, militar que acompaña a Andrés por pura solidaridad y que ha dejado de comer por compañerismo. Un compañerismo muy diferente al de los generales, ellos son más de abandonar compañeros discapacitados, dejar que los desahucien y que se mueran de hambre. Vergüenza de cochino honor.

Andrés no es un caso único pues son más de 4.250 los militares discapacitados que han sido expulsados y maltratados por Defensa y por los políticos. Por Morenés, el sanguinario; por Chacón, la que sextuplicó la venta de armas y ascendió acosadores sexuales (aunque a Zaida no parece importarle a la vista de su ‘fichaje’ por el PSOE); por Alonso, un ministro que sancionaba sin piedad; por Bono, el patriota de comida caducada; o por Trillo, el sinvergüenza del Yak-42. Ese es el patriotismo del PPSOE y de la cúpula militar, de la banderita, del himno y del vermú.

Un rey que no se ha preocupado nunca, que no ha tenido la más mínima mención a los militares discapacitados, a los abandonados a los 45 años, a los heridos en conflictos o en negligencias. Ese es el patriotismo y esa es la Patria, y ese es el rey. El mismo al que le importó un carajo que cinco militares murieran en Hoyo de Manzanares y que los que sobrevivieran quedaran desfigurados y discapacitados para siempre. Menos le incomodó que los restos de sus compañeros quedaran pegados en los cuerpos mutilados, despellejados y heridos de los supervivientes. Mejor, llegado el caso, que no hubiera sobrevivido ninguno. Ni se inmutó por la cuenca vacía de un ojo del más protestón o por el origen de la tragedia: minas en mal estado del año 74. Lo importante era la fotografía y tapar la negligencia aunque ello supusiera destrozar la vida y el futuro de estos ya heridos militares. Lo importante, para Felipe VI, era y es vender armas a Arabia Saudí para que sigan los crímenes de guerra y los 10.000 muertos en Yemen queden en una anécdota.

El patriotismo es asistir a un desfile y gastarse un millón de euros, como también es patriótico firmar un pacto antiterrorista y aumentar la venta de armas a los países más infames y cuyas relaciones son más estrechas con los terroristas. El patriotismo es encontrar armas españolas en los conflictos más sangrientos y brutales del mundo, desde Libia a Siria pasando por la mencionada Yemen.

A mí, sinceramente, me produce vómitos el patriotismo del PPSOE, la cúpula militar y la Casa Real, porque si el patriotismo es ser inhumano, si el patriotismo es tratar como escoria a tus propios militares y si el patriotismo es inundar de armas el mundo para hacer negocio con la guerra y la muerte, yo no quiero patria ni quiero bandera ni quiero vermú.

Enterense de una vez: el verdadero patriotismo es subir el salario mínimo a 800 euros o acabar con la miseria y la pobreza energética. Y patriota no es el que camina y aplaude con la banderita, patriota es Iván Ramos que pasa hambre solo para que su compañero, Andrés Merino, deje de pasarla y consiga justicia.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

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