Muchas gracias por estar aquí

El próximo día 22 de noviembre el Tribunal Supremo decide sobre mi posible readmisión y no sé qué pasará, aunque lo que sí tengo claro es que no será la última batalla. Queda mucho por hacer, muchísimo, y muchas batallas por librar, y por perder, y tal vez alguna por ganar. Y si he llegado aquí, si estoy aquí, es por ti. En estos años, muchos miraron para otro lado y muchos callaron, fueron muchos los que pasaron de amigos a desconocidos. Olvidados del todo y de todo. Sin embargo, la fuerza de la solidaridad me ha sostenido y alentado desde hace dos años.

Hubo momentos muy duros. Recuerdo cuando hace un año perdí mi trabajo, que también era mi sueldo y mi sustento. Es como si el suelo se quebrara bajo tus pies. Llamé a muchas puertas, reconozco que desesperado, pero la mayoría estaban cerradas, extrañamente cerradas, incluso algunas que jamás hubiera esperado. Fue justo en el mismo momento en el que los medios decidieron que esta historia ya no tenía importancia, incluso la editorial decidió que prefería no vender. Puertas cerradas y silencio mediático era sin duda el peor escenario en el que podría encontrarme. Puertas cerradas significaba no saber si podría comer o si podría pagar al abogado. Silencio mediático era asesinar la lucha que comencé hace ya más de seis años, aunque públicamente solo llevase dos años. Increíblemente, casi nadie informó de mi expulsión, dejó de importar. Y muerto el perro se acabó la rabia, pensó la mayoría.

Pero tú estabas ahí y tu presencia ha impedido que todo se fuera al garate: medios de comunicación y periodistas independientes; políticos que de verdad quieren cambiar el mundo en diversos partidos (Unidos Podemos, Esquerra, PCE, etc.); Unidos Podemos (todos los que lo forman, del primero al último), PCE, Anemoi (colectivo de militares republicanos al que pertenezco y en el que se encuentran miembros de la UMD), colectivos republicanos, juventudes comunistas, UPyD (Rota en especial), plataformas de apoyo (la extinta Plataforma Tte. Segura y la Plataforma por la Honestidad), asociaciones militares (UMT, AMTM, ATME, etc.), AUGC, belicosos grupos en redes sociales y personas altruistas hicieron posible que me escuchasen allá donde fui y que vivir vendiendo libros y denunciando fuera posible; Público, Vice News, la revista El Jueves y la Policía Municipal de Madrid me sostuvieron, y aún me sostienen, junto a los ciudadanos que compran y/o regalan los libros, animan, leen lo que escribo, luchan en las redes sociales y difunden sin descanso (ya somos más de 40.000 entre todas las plataformas).

En estos últimos días lo que más me preguntan es si quiero volver a las Fuerzas Armadas y si sé lo que me espera. Respondo positivamente a ambas cuestiones: por ti y por vosotros quiero volver a las Fuerzas Armadas y seguir la lucha. Sé lo que me espera, pero no os podría mirar a la cara y decir que abandono. Sois demasiados, hicisteis demasiado.

Quiero volver porque ha llegado la hora de luchar por los espacios, aunque sean hostiles. Si un espacio es hostil no se abandona, se lucha por él. Demasiados progresistas han sido y hemos sido expulsados de demasiados espacios y demasiados progresistas hemos abandonado demasiados espacios. Se terminó abandonar, no hay lugar para la rendición en esta guerra. Porque, despertemos, esta es una guerra que los ciudadanos estamos perdiendo desde hace mucho y si no damos la batalla cada día la derrota será más terrible.

Y sí, sé lo que me espera: acoso laboral, miradas incómodas, algún que otro zarandeo, provocaciones, más arrestos, suspensiones y todo lo imaginable… Volver a comer solo en una mesa entre doscientas personas porque unos me detestan y otros temen que acercarse a mí les traiga consecuencias negativas; volver a perder mi libertad de forma arbitraria; insultos más o menos velados; el reglamento a rajatabla y hasta la última coma; la vida imposible en los permisos, las vacaciones, los destinos y todo aquello en lo que sea posible… Lo sé, pero no voy a dejar de luchar ni voy a abandonar.

Siempre advertí que quería seguir siendo militar y si no es ahora será en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero será. Al menos hasta que quede una posibilidad podrá ser. Esto me está costando dinero, mucho; penurias, muchas; y un esfuerzo que consume casi toda mi vida. Contrariamente a lo que muchos creen, la vida del denunciante (y del revolucionario), porque mi discurso contiene denuncia y revolución a partes iguales, no es nada fácil y, desde luego, muy poco lucrativo. En un sentido económico cualquier tiempo pasado fue mejor, desde luego. A pesar de ello, si alguien piensa que por volver a las Fuerzas Armadas, si es que vuelvo, y recuperar mi estabilidad salarial, los casi 2.000 euros mensuales, será suficiente para la llegada de mi silencio, no ha comprendido todavía nada. No callaré.

Vender libros no es un negocio, no para mí. Es mi forma de lucha, mi reivindicación, mi pequeña y derrotada revolución. Habrá más libros, espero que muchos más, hasta que reviente mi cabeza y no sepa ni quién soy. Y si alguien piensa que mis manifestaciones fueron para promocionar los anteriores libros, tampoco ha comprendido nada. Mis manifestaciones son libertad de expresión y no pienso renunciar a ella, tanto si se trata del mayor impedimento para volver a mi puesto de trabajo como si es la mayor excusa para encerrarme y expulsarme.

Llegado el caso, si quieren volver a expulsarme quisiera que supieran que ahí tienen el salario, que lo disfruten… Yo te tengo a ti, os tengo a vosotros y me sobra… ¡Muchas gracias!

PD: Hoy, en una conferencia, Transparencia Internacional ha afirmado: “Se ha aumentado la preocupación en la sociedad española en lo referente a la gestión de las Fuerzas Armadas (debido en parte a la denuncia pública del teniente Luis Gonzalo Segura)”. ¡Juntos lo estamos consiguiendo!

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

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