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Hoy, una vez más, se ha producido otra tragedia. No sabemos aún si esta tiene o no tiene que ver con el gasto en mantenimiento, como ha ocurrido en otros muchos casos, pero en cualquier caso se trata de un acontecimiento terrible.

Nuevamente, al pronunciarme, como suelo hacer en estos casos, y exigir una auditoria y una investigación externa e independiente no faltarán los patriotas que me llamen demagogo o traidor o me acusen de echar mierda sobre el Ejército por odio o resentimiento. Es en este momento, quizás un momento en el que me siento absolutamente indignado con la muerte de otro compañero, porque me sigo sintiendo militar, cuando tengo que aclararte unas cuantas cosas.

Patriota, es cierto que soy rojo, no es que se me vea el plumero, es que jamás lo he ocultado salvo cuando era militar y tenía prohibido pronunciarme al respecto. Es cierto que soy de los que buscarían una opción dialogada al problema catalán, incluso soy de los que piensan que un referéndum hace unos años ya habría cerrado la cuestión, por supuesto hace unos meses, o si un partido como el PP no existiera jamás se habría caído el ‘Estatut’ y ahora no estaríamos al borde del abismo. También soy de los que piensan que hubo brutalidad policial el 1-O y no me vale ni valdrá jamás que se diga que el referéndum era ilegal o que hubo provocación, insultos o lo que sea. Si yo escupo, cometo una ilegalidad o insulto a un policía no espero que me aporree, espero que me detenga. A eso se le llama proporcionalidad. También soy de los que piensa, y así lo he manifestado, que es injusto juzgar a la Guardia Civil y la Policía Nacional por ese día y por esos agentes que cometieron esos excesos policiales. Estos cuerpos han hecho demasiadas cosas buenas para ser demonizados ahora por un día, por mucho que dicho comportamiento fuera inaceptable.

Finalmente, soy de los que piensa que los agentes fueron mandados al ´matadero´, que les ordenaron cumplir una misión imposible y que el siglo XXI ya no da para solucionar los problemas políticos con la fuerza. No al menos en el mundo desarrollado. Me ratifico en que el despliegue policial se hizo por negligencia o, lo que es peor, con pleno conocimiento. Y no me vengas con que los ‘mossos’ no fueron leales y tonterías similares, porque ni con ellos era posible impedir la expresión de dos millones de personas en miles de puntos dispersos geográficamente. Saca cuentas, no es muy difícil. De hecho, si el referéndum era ilegal, ¿qué sentido tenía impedirlo si se desarrollaba pacíficamente?… En fin, solo es mi forma de verlo, pero tú, patriota, por haberme manifestado así me escupes todo tipo de improperios y te crees valiente. Mucho, supongo.

Pero tú, patriota, con tu pulsera y tu bandera, eres el mismo que abandonas a los militares discapacitados, que se cuentan por miles, a su suerte. Porque cuando estos se manifiestan ni veinte personas les acompañan. No hay banderas de España ondeando, ni periodistas de esos que salen en los medios nacionales con tanto fervor. Allí no hay nada de eso. Porque ese día tu valor se derrite, te acongojas y te quedas paralizado. Ese día eres incapaz de acompañar al compañero herido, no vaya a ser que tengas problemas en el trabajo al día siguiente. O algo peor: ni tan siquiera te importa.

Tú, patriota, eres el mismo que mira al tendido mientras caen sus compañeros en una picadora de carne. Desgraciadamente, los datos son irrefutables. En total, 9 de los últimos 10 expertos en explosivos fallecieron por minas en mal estado y solo uno por minas del enemigo, tenemos el mayor número de Eurofighter accidentados y el mayor número de muertos en estos cazas (cuatro aparatos y tres fallecidos), nuestros helicópteros del Servicio Aéreo de Rescate han sido cochambrosos (siete muertos en dos accidentes), el Yak-42 fue una ignominia… Sin embargo, no vi tus banderas frente a las instituciones jurídicas o políticas exigiendo justicia para los familiares de los muertos ni para los heridos. Tampoco vi tu valentía frente a tus altos mandos, llamándoles traidores, demagogos o lo que se terciara por no impedir desastre tras desastre. Muerte tras muerte. Esos días no se te veía, no fuera a ser que alguien te grabara y se acabar la nómina a final de mes.

Tú, patriota, eres el mismo que niega lo que pasa en las Fuerzas Armadas, que afirma que me manifiesto por odio o resentimiento a la Institución. Patriota, escucha bien mi odio: justicia independiente, derechos, libertades, sindicatos, auditorías externas e independientes, contratos laborales equiparables a los de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, salarios dignos, mantenimiento y condiciones de vida óptimas… Un ejército moderno y democrático. ¡Tremendo! ¡Cuánto odio! ¡Cuánto resentimiento hacia los que fueron mis compañeros! Sin duda, son palabras de quien quiere destruir a la institución, ¿no?

No, patriota, sabes que no, sabes que soy el mismo que antes y que lucho por lo mismo que antes, solo que ahora soy rojo, solo que ahora entiendo que Catalunya debe resolverse de otra forma muy diferente al aplastamiento. Pero tú, patriota, que tan valiente te muestras conmigo, callas con una cobardía infame cuando los altos mandos cometen salvajadas delante de ti, cuando os dan de comer y os proporcionan unas condiciones de vida lamentables, cuando os van a expulsar a los 45 años con una mano delante y otra detrás… Porque valor es decirle a un general que lo que hace no está bien, que la corrupción se tiene que acabar, que los derechos anacrónicos deberían ser cosa del pasado, que los soldados no son reclutas y que ya está bien. Valor es impedir que a un compañero le acosen en tus mismas narices. Eso es valor. Decir tres gilipolleces en Facebook a una persona solo porque tiene ideas opuestas a las tuyas me temo que da para alguna medalla al mérito militar y para alguna palmada en la espalda del mando de turno, pero para nada más. Porque tú, patriota, te atreves a llamarme traidor cuando yo he perdido mi trabajo luchando por cambiar las cosas. Eso es lealtad, una lealtad que va más allá de arrodillarse y callar, una lealtad de la que tú no tienes ni puñetera idea.

Tú, patriota, que afirmas que lo que cuento de las Fuerzas Armadas es falso y muchas veces lo haces sin ni siquiera haber leído los libros que he escrito o solo porque te lo dicen o tú, patriota, que tan decepcionado estás conmigo por tener las ideas que tengo, te diré que sigo y seguiré mi camino, que no me distraes ni un segundo del objetivo y que tendrás que tragarte tus palabras dentro de unos días cuando se publique un tercer libro que documenta, por primera vez, todos los abusos, privilegios, acosos, maltratos y disparates similares en las Fuerzas Armadas. Se llama ‘El libro negro del Ejército español’ y te lo dedico a ti, a ti que muchas veces has dicho que lo que se cuenta en las novelas es ficción, que para ficción ya tienes cosas mejores que leer. Pues esto no es ficción, esta es la cruda realidad que conoces tan bien como yo y que con tu silencio has ayudado a ocultar y a sostener en el tiempo.

Y, finalmente, patriota, quiero que tengas claro que hablo de lo que quiero y cuando quiero, aunque tú no conozcas lo que es la tolerancia, y que voy a seguir haciéndolo. Que después del tercero vendrá el cuarto y después el quinto o si me apetece desapareceré y nadie sabrá nada más de mí. Sencillamente, haré lo que crea oportuno en cada momento.

Porque, patriota, quiero que sepas que no vales ni un pimiento.