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Carlos Herrera, el Ejército y los gilipollas

A estas alturas parece imposible aspirar a una semana tranquila, pero al menos se pretende que los domingos, el Día del Señor, a uno le dejen rezar al Todopoderoso con tranquilidad, más que nada por ver si este mundo que ha creado sigue siendo tan maravilloso. No parece que los deseos vayan en concordancia con los designios del Señor y, claro está, siempre hay alguien que te revienta el desayuno...